El poder de la comida en familia
La comida en familia: infinitas ventajas
Hace poco os hablaba de la estrategia NAOS, un proyecto del Ministerio de Sanidad y Consumo para hacer frente a la Obesidad Infantil. Aunque es cierto que nos da buenos consejos dejan por comentar algo muy importante, ¿sabrías decirme el qué?
Recordemos en decálogo NAOS:
1. Promover la variedad de alimentos en la dieta para que sea equilibrada
2. Que los HC representen el 50% de nuestra dieta
3. Que las grasas no superen el 30% y que no sean trans
4. Que las proteínas ocupan el 20%
5. Incrementar el consumo de frutas y verduras
6. Moderar el consumo de grasas, azúcares, bollería, refrescos…
7. Beber 2l de agua al día
8. Reducir el consumo de sal
9. Desayuno completo
10. Involucrar a todos los miembros de la familia en actividades como hacer la comprar o preparar la comida.
Obvian por completo el poder de la comida en familia
La familia, como agente socializador, determina el comportamiento de los hijos. La dieta no queda exenta de esta influencia. La comida en familia contribuye al desarrollo de los futuros hábitos alimentarios, entre otras muchas cosas.
1. Influencia en el patrón de alimentación
Lógicamente, un niño o adolescente que como sólo no se va preocupar de incrementar su consumo de fruta, verdura y legumbres. Más bien al contrario, abusará de platos precocinados, comida rápida y refrescos carbonatados y siempre que pueda se escapará a un restaurante de comida rápida con los amigos.
Un niño o adolescente que coma en familia llevará una dieta variada y equilibrada.
2. Influencia de las comidas en el aprendizaje de vocabulario
Los niños pequeños son capaces de aprender entre 8 y 10 palabras nuevas cada día. El vocabulario lo aprenden en el contexto social: escuela, amigos y familia. En una comida familiar sin interferencias (televisión, llamadas de móvil, videojuegos…) hay conversaciones que ayudan al niño a adquirir vocabulario, pero sobretodo, a aclararle el significado de palabras que ha aprendido y que por vergüenza o por falta de confianza no han preguntado. Luego, las conversaciones familiares son una fuente esencial para conocer el significado de las palabras que aportarán riqueza al vocabulario posterior.
3. Influencia en la salud mental de los adolescentes
Los niños y adolescente que comen en familia conocen mejor la historia familiar y sienten que forman parte de algo importante, su autoestima es mayor, se relacionan mejor con sus hermanos y compañeros y reacciona mejor frente adversidades.
Al tener mayor autoestima participan menos en peleas, no piensan en el suicidio (pensamiento bastante recurrente en la adolescencia), fuman y beben menos, consumen menos drogas, inician las relaciones sexuales más tarde y presentan un mayor rendimiento académico.
4. Cómo deben ser las comidas familiares
Para que los niños y adolescentes quieran participar de las comidas familiares debemos procurar un ambiente determinado e intentar seguir ciertas rutinas:
• Evitar la televisión, contestar el teléfono…
• Marcar un horario fijo: se come a las 14 o se cena a las 21
• Poner la mesa lo más completa posible para no ir levantándose
• Empezar y terminar todos a la vez
• Todos deben participar en poner la mesa y recoger, debe haber algunas fuentes con alimentos como por ejemplo las ensaladas que deban repartirse, para así aprender a compartir…
• Evitar monopolizar la conversación
• Escuchar con atención y preguntar
• Procurar que las comidas sean un momento para disfrutar, crear un ambiente positivo, sin reprimendas…
Aunque hay que ser realista y en muchas ocasiones y más si hay niños muy pequeños, lo que se va a escuchar en la mesa va a ser: “siéntate bien”, “espera a que se sienten todos”, “cómete también la verdura”, “no te levantes todavía”, “esos modales”…, pero eso también es educación de buenos hábitos.
Si nos encontramos frente a la época de la revolución hormonal, es decir, la adolescencia… Nuestros hijos igual no quieren compartir comidas familiares. Les atrae más comer con amigos ya que ellos “sí que les entienden”, comparten preocupaciones…bien, pues podríamos invitar al amigo/a del alma de nuestro hijo/a a comer o cenar, podemos pedirles ideas o ayuda a la hora de elaborar los menús, y como he dicho antes, evitaremos las reprimendas, aunque seguro merecidas, para otro momento.
5. Cualquier omento es bueno
El ritmo de vida actual hace difícil a algunas familias comer todos juntos. Sí uno quiere, uno puede.
No siempre tiene que ser al medio día, seguro que reunirse para cenar es más fácil.
Los padres y madres trabajadores debemos ser los promotores de las comidas en familia y predicar con el ejemplo: llegar antes a casa, anteponer la reunión familiar a todo lo que siga en la agenda…
Y si a pesar de todo sigue siendo difícil, hay que encontrar momentos durante el fin de semana: los desayunos del domingo, las comidas con abuelos, tíos y primos, cena y cine los sábados por la noche…