Los “productos milagro”
Son muchas las pastillas y otros milagros adelgazantes que pretenden hacernos perder peso sin esfuerzo. Diuréticas, ‘quitahambre’, quemadoras de grasa… de venta en farmacias, parafarmacias, herbolarios y hasta Internet. Pero: ¿sabes qué efecto producen estas? ¿Son eficaces? ¿Son peligrosas?
La Confederación Española de Consumidores y Usuarios (CECU) ha denunciado ante el Ministerio de Sanidad y Consumo las campañas publicitarias de diferentes empresas dedicadas a la comercialización de “productos milagro” para adelgazar, cuyos anuncios aseguran tratamientos eficaces para perder peso en pocas semanas.
Sin duda es necesario proteger a los consumidores del empleo de productos inseguros que puedan afectar a su salud frente al “bombardeo publicitario” de productos con supuestas propiedades adelgazantes, reductoras, cosméticas o estéticas en general, así como “métodos para perder peso de forma fácil y rápida que, utilizando un lenguaje poco claro y con ambiguos criterios científicos y técnicos, muestran al consumidor los supuestos beneficios del empleo de estos remedios”.
Estos productos manipula las expectativas del consumidor, al promover “supuestas propiedades adelgazantes utilizando mensajes nutricionales confusos, los cuales fundamentan mediante el empleo de supuestos profesionales sanitarios o de estudios científicos realizados en universidades lejanas y que tienen por resultado sorprendentes hallazgos por parte de científicos extranjeros”.
Por otra parte, en general, en la publicidad de este tipo de productos no se identifica el domicilio social de la empresa que los comercializa y, en cualquier caso, la única referencia accesible al consumidor es un apartado de correos. Esto dificulta el contacto con el fabricante, se desconoce al proveedor y se dificulta el proceso para obtener más información o aclarar la posibilidad de efectos secundarios o contraindicaciones.
En general, se ofrecen como alternativa a los medicamentos, pero más baratos y sin efectos secundarios, afirmación esta última evidentemente temeraria, habida cuenta los inmensos recursos que destinan los laboratorios para investigar estos efectos en sus productos.
Para defendernos de ellos debemos obtener información veraz a través de verdaderos especialistas. Y, sobre todo, utilizar la lógica más elemental: “si lo que dicen fuera cierto, ¿cómo es que no lo están fabricando ya los grandes laboratorios?”
Y recordad que lo único que realmente funciona es más saludable y económico: ¡¡Dieta variada y ejercicio!!!